Análisis:
Carbonell Sebarroja, J. (2001). El
profesorado y la Innovación Educativa. En Cañal de León, P. (2001). La
innovación Educativa. Madrid: Akal
Por Pilar Romero García
Entendemos INNOVACIÓN EDUCATIVA, como todo aquello que pueda
llevarnos a cambiar la práctica educativa actual: ideas, procesos, estrategias,
conceptos, percepciones, etc. Siempre teniendo en cuenta que no es una tarea de
un determinado momento o por un tiempo limitado, si no todo un proceso largo y
pausado, analizando todos los componentes del sistema educativo. Es decir,
sírvase esta metáfora: la educación como un árbol con grandes ramificaciones,
por el cual tenemos que ascender a la cima, parándonos y observando cada una de
sus ramas y hojas que lo conforman (aulas, organización, dinámicas, cultura del
profesorado, …). Metáfora que me sirve para señalar la frase con la que me
quedo de este texto: “la innovación es un
largo viaje que se detiene a contemplar las vidas de las aulas, [..]y la
cultura profesional del profesorado”.
No puedo estar más de acuerdo con Carbonell Sebarroja cuando al
hablar de innovación educativa no se refiere a cambiar políticas educativas,
que con tanto fervor controlan el currículum o los continuos cambios
administrativos, dejando a un lado la labor pedagógica que realmente es lo que
hay que hacer por parte de la dirección educativa de los centros escolares.
Llegados a este punto, y no es más que el comienzo yo me pregunto,
¿tanta burocracia administrativa hace que nuestros alumnos mejoren
académicamente? O voy más allá, ya que me preocupa y considero cuasi más
importante que el alcance académico, ¿tanta burocracia administrativa va a
conseguir que nuestros alumnos adquieran las competencias necesarias para
desenvolverse con soltura en la vida, adquirirán la capacidad necesaria y
primordial para que puedan tomar decisiones tan sencillas como qué quiero ser? ¿cómo
alcanzar mis metas? Y más lejos aún, independientemente de las
infraestructuras, dotaciones u otros recursos de las que pueda un centro
escolar o un profesorado carecer mermando la implicación de éstos en un proceso
de innovación, ¿tienen el compromiso para ello? ¿Realmente quieren innovar? ¿O
simplemente muchos de ellos ya acomodados en una tarea repetitiva a lo largo de
los años, rehúyen de todo cambio o innovación? O el “ir de un colegio a otro“ cada
año mengua las posibilidades de que un proceso de innovación iniciado en un
curso escolar al año siguiente con nuevo profesorado no se sepa continuar o no
se quiera continuar por la línea iniciada, porque el PEC, no se suele cambiar cada año. A veces, y desde mi
humilde opinión, la falta de recursos, la abundancia de tareas administrativas
no es más que una excusa. Se olvidan del para qué estudiaron educación,
abandonan su vocación. Bien dice el autor que no se trata de “modernizar la
escuela con la entrada de ordenadores en las aulas” si no cambios en las
prácticas educativas: la voluntad de cambio del personal docente.
Volviendo al texto, el autor nos
habla de dos modelos de innovación educativa claramente diferenciados por su carácter,
uno conservador y el otro progresista. El modelo
de innovación conservador da más importancia al rendimiento, la
competitividad, la homogenización del aula, desigualdad, especialización, la
tendencia a la simplificación y a la autocomplacencia, en definitiva, a ser una
empresa más que una escuela: dar números, resultados, un círculo cerrado. En el caso del
modelo de innovación progresista, su enfoque es mucho más amplio en el
sentido de llegar a más y de que los partícipes o integrantes sean más, por lo
que se le da mayor importancia a la comunidad que conforma una escuela, a la
igualdad, a la colaboración y diversidad, una escuela más pública que privada,
con una cultura más crítica y cuestionadora, más una comunidad que una empresa,
un círculo abierto, más una democracia
que una “dictadura”, más implicación de las emociones, el cooperativismo o la
inclusión de las inteligencias múltiples, etc… que autores de la talla de
Dewey, Bruner, Piaget, Lipman, Decroly, Freire tanto desarrollaron. (Lipman con
su “Filosofía para niños”, es desde mi punto de vista el que más se acerca a la
voluntad de cambio en el sentido de que para cambiar algo primero hemos de
cambiar nosotros, la propia persona, indagar, reflexionar sobre nuestro propio
pensamiento complejo para poder transmitir al resto, a aquellos que están a
nuestro alrededor).
Carbonell y
Sebarroja, enumera tres maneras de aproximarse tanto a nivel teórico como
práctico al campo de la innovación: los
excesos idealistas, pragmáticos y fundamentalistas, basados en el activismo,
alejándose del aprendizaje de contenidos, con escasez formativa y sin un apoyo
teórico; otra, los neoconservadores y
neotradicionales que sólo ven la
innovación como la causa del fracaso escolar, el descenso del nivel académico,
la emergencia del acoso escolar, volviendo al libro de texto, memorización, etc… y la última los que apuestan por los clásicos y la búsqueda de nuevas propuestas
innovadoras, me atrevo a señalar que éstos son los que apuestan por acercar
teoría y práctica: desarrollar las habilidades de razonamiento y pensamiento, y
potenciar y perfeccionar las destrezas y capacidades reflexivas.
No solo la
visión que se tiene de la innovación dificulta la innovación educativa, sino
que también hay una serie de resistencias al cambio, o lo que el autor denomina
como “los 7 pecados capitales de la innovación”:
1. La inercia institucional, si siempre se ha hecho así, para que cambiar, si siempre “ha
funcionado”.
2.
El individualismo: el profesorado toma el
aula como un territorio infranqueable, privado.
3. El corporativismo: se establecen
barreras entre ciclos y áreas, cada uno se mueve por sus propios intereses, por
los de su aula o ciclo, no se tiene en cuenta al resto de ciclos, aulas, e
incluso se antepone su autoridad en la toma decisiones frente al resto de
componentes de la comunidad educativa (madres, padres, alumnos,).
4.
La formación del profesorado: aunque
muchos estén dispuestos al cambio no siempre están capacitados para ellos, en
el sentido, de que se quedan estancados en su práctica docente: son meros
transmisores de contenidos.
5.
La falta de un clima de confianza
y consenso:
debido al corporativismo y al individualismo no hay comunicación entre
el equipo docente y el resto de la comunidad educativa, no son capaces de
compartir objetivos y proyectos comunes.
6. La intensificación del trabajo
docente y el control burocrático: que no es
otra cosa que aumentar las tareas administrativas del personal docente, para
establecer estadísticas, baremos, etc… ¿Qué sucede? Que se acaba limitando el
trabajo del docente alejándolo de su verdadero cometido: la enseñanza, la
reflexión pedagógica.
7.
La falta de apoyos de la
Administración Educativa:
la Administración sólo busca resultados y no es observadora o se
sensibiliza ante la situaciones, condiciones y necesidades de las comunidades
educativas, además de limitar el presupuesto y recursos tanto técnicos como
humanos por lo que la innovación educativa es prácticamente inexistente.
Lo fundamental y más importante es saber cómo superar esas
resistencias y poder llegar a la innovación y garantizar que se aplique, para
ello el autor nos ofrece una serie de premisas:
- Equilibrar la balanza entre todos
los miembros de la comunidad educativa y sus respectivas prioridades de
desarrollo.
- Se producirá el cambio educativo
cuando el profesorado así lo haga y lo manifieste.
- Siempre que se vaya a llevar a
cabo un proyecto de innovación debe estar fundamentado, investigado.
- La calidad y la cantidad de ayuda
recibida marcarán la eficacia del proyecto.
- No discusiones, no burocracias improductivas,
ni lamentos ni quejas que no permitirán la crítica constructiva.
- Asumir que habrá dudas, correr riesgos,
conflictos, desacuerdos, …
- Ser consciente que los resultados
en procesos de innovación se ven a medio o largo plazo.
- La cooperación es fundamental y
primordial.
- Encontrar siempre las conexiones
entre la teoría y la práctica para darle sentido a la innovación.
- Hacer propias las innovaciones,
sentirlas para que sean altamente reconocidas. Creer en lo que se hace y
defenderlo.
Ahora bien,
después de conocer cuáles son las premisas para que un proceso o proyecto de
innovación tenga éxito es necesario saber cuáles son los escenarios propicios
para llevarlo a cabo como el conocimiento,
saber organizarlo y no depender de aquello que nos muestran. Entiendo en este
punto que no debemos limitarnos a aquello que se nos muestra si no que tenemos
que experimentar más, investigar más para poder evolucionar más. Recuerdo
palabras de Lipman: “hemos de ahondar en nuestro conocimiento, en nuestro
pensamiento más complejo e interno para poder entender el de otros”. Si sabemos
organizar nuestro conocimiento podremos evolucionar y crecer como personas.
Otro
escenario que nos cita Carbonell y Sebarroja es el PEC, el proyecto educativo de centro, por el que se establecen los
principios que identifican el centro y todas las características del mismo, es
en él donde debemos incluir cualquier tipo de innovación, porque es el
instrumento que define al centro.
La participación y colaboración de toda la comunidad educativa son desafíos en la escuela pública
y escenarios principales (desde mi punto de vista) para el desarrollo de
cualquier cambio, ¿por qué? Porque como bien se señala en el texto, son ellos los
que han de fomentar la libertad, igualdad, la autonomía en las opiniones y en
los hechos, y siempre desde el inicio de la escolarización con sus asambleas,
sus consejos escolares y de delegados, ellos, los alumnos primordialmente son
los que vislumbran con cierta antelación algunas de las necesidades de cambio,
y si no, son sus carencias en ciertos momentos los que nos ayudarán a verlas,
por lo que es muy importante que ante todo haya democracia entre alumnos,
profesorado, madres-padres y resto de comunidad educativa. ¡¡Ojo!! Democracia
entre menores y adultos no significa en ningún caso pérdida de autoridad de los
segundos.
El último
escenario propicio para innovaciones educativas es el entorno de la escuela, si bien es verdad que existe un cierto “divorcio”
entre ambos. Este “divorcio” no es otro que el ya nombrado apego del
profesorado a su aula y el rehuir constante a cualquier otro ambiente, u a otra
forma de enseñanza: siempre la misma mecánica: leo tema, explico tema, hago
ejercicios y realizo examen (práctica de la mayoría de centros). En este punto discrepo un poco con el autor,
en las grandes ciudades o ciudades medianas puede tener algo de verdad este
divorcio, es más complicado, aunque no imposible acercar a los alumnos al
entorno en el que viven, saliendo de las aulas, al exterior; intentar mostrar
este entorno dentro del aula, no es suficiente y ni bueno. Si nos fijamos en
escuelas rurales, escuelas situados en poblaciones de pocos habitantes ese
divorcio no es tan manifiesto, tan claro, hay mayor implicación en lo que se refiere a
salir al exterior, apartando los libros de texto, por la cercanía que se tiene
del lugar, la conexión entre todos los miembros de la comunidad: escuela,
asociaciones, servicios municipales es mucho más cercana, accesible y el conocimiento
que se tiene de las tradiciones del lugar, del territorio, de la naturaleza
está muy presente y es muy participativo. Y, en definitiva, incluirlo en el
curriculum escolar es un hecho.
Al final,
nos damos cuenta de cuál es el papel y el lugar del profesorado en las
innovaciones y si verdaderamente ese papel se está llevando a cabo. Carbonell
nos habla de que han de estar implicados, ser guías para el alumno, ver las
dificultades como oportunidades para el cambio, abiertos ante las muy distintas
expresiones culturales presentes en el aula, en el centro, no comportarse como
mero transmisor de conocimientos, …
No puedo
concluir este análisis sin valorar, extraer y desgranar cada una de las ideas
que se plantean en este texto dando mi opinión. Observo que son un gran reto cada
uno de los puntos, premisas o mandamientos, no importa como queramos llamarlos,
a tener en cuenta para elaborar y llevar a cabo un proyecto de innovación, y no
porque sea tarea complicada si no por el hecho de que el sistema educativo
actual, está (perdón por el atrevimiento de la palabra) obsoleto, en lo
referente a innovación, también en otros aspectos, pero ahora no entraré en
detalles. No se puede llevar a cabo porque la burocracia desborda el trabajo
del docente y como éste se ve superado en muchos casos, sobresalen más los
puntos en contra que las razones para llevarlo a cabo. Las resistencias de las que nos habla el autor.
El texto nos
da los instrumentos, los parámetros para mejorar, para cambiar, para llegar a
un centro escolar con las ganas, el esfuerzo, para hacer cosas con nuestros
alumnos, para darles la importancia y el peso que verdaderamente tienen,
conseguirlo es tarea difícil porque las circunstancias que rodean el actual
sistema educativo impiden que se pueda llevar a cabo con la normalidad que
deberían, pero no por eso debemos dejar de intentarlo. Somos hoy los que estamos al otro lado, pero mañana seremos los
que tengamos el “arma” en la mano para que cambie, porque verdaderamente en
muchos momentos son nuestros alumnos los que tienen mucho que enseñarnos a
nosotros: creatividad, optimismo, curiosidad, por ejemplo, y que nunca debemos
dejar atrás.
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